Test de la Sigma DP2 Merrill: ¡atípica!

12 abril 2016

El mercado de las cámaras fotográficas es amplio y complejo, aunque por lo general se pueden establecer grandes categorías diferenciadas: compactas, compactas avanzadas, híbridas y réflex. Sin embargo, también existen algunos ovnis. La Sigma DP Merrill corresponde a estas últimas, y hoy te hablaré de ella.

Recientemente he tenido el gusto de que me contactase el simpático Renaud de Sigma France para probar una de sus cámaras de fotos. ¡Efectivamente, Sigma no fabrica únicamente objetivos (algunos de una calidad increíble como el 35mm f/1.4), sino que también hace cámaras fotográficas!

Así que me pasé unas seis semanas con esta cámara, lo cual me ha permitido hacerme una muy buena idea para poderos contar en detalle.

Un OFNI (Objeto Fotográfico No Identificado)

Las Sigma DP Merrill (hay tres modelos, volveré a ello) no se pueden clasificar realmente en una categoría concreta: son bastante compactas (del tamaño de una pequeña híbrida del tipo GX1), tienen un sensor APS-C grande, con una focal fija que permite una gran apertura, pero que no es intercambiable. Tiene una diseño muy plano y su uso es similar al formato medio (también volveré a esto). De pronto se podría clasificar como una híbrida, pero el objetivo no es intercambiable, así que no se corresponde realmente: se trata de una cámara inclasificable.

El atípico sensor Foveon

La principal nota diferenciadora de estás cámaras es su sensor propio de Sigma: un sensor Foveon. Voy a intentar simplificarlo al máximo para evitar que algunos de vosotros os desesperéis al grito de “Gerónimooooooo“, asustados por tanta información técnica. Sí, me preocupo por mis lectores 😀

(Qué mis lectores más quisquillosos con la técnica me perdonen, estoy simplificando al máximo).

La gran mayoría de sensores de cámaras son capaces de ver el color gracias a un sencillo sistema: cada píxel está dividido en cuatro. Un cuadrado para el rojo, un cuadrado para el azul, dos cuadrados para el verde (hay más para el verde porque la visión humana es más sensible con este color y porque, al fin y al cabo, no hacemos más que copiar la naturaleza, como casi siempre). Este sistema funciona bien pero presenta un inconveniente principalmente: puede provocar un efecto muaré. Se da cuando en la imagen hay estructuras repetitivas, es feo y queda poco natural.

Los fabricantes han encontrado la solución: el “filtro paso bajo“, que elimina el muaré. El problema es que esto también reduce un poco la nitidez de la imagen (de hecho, suele desenfocar levemente los detalles, simplificándolo al extremo).

(Haz clic para agrandar) Perdón por el inglés, pero el esquema es bastante claro.

(Haz clic para agrandar) Perdón por el inglés, pero el esquema es bastante claro.

En definitiva, en Sigma han optado por un camino distinto: combinar 3 sensores, uno por cada color primario: rojo, verde y azul. En teoría de esta forma ya no es necesario usar un filtro paso bajo para conseguir una mayor nitidez (a la práctica sí, luego vuelvo a esto). Por cierto, este sistema funciona de forma similar que con un carrete. Por tanto, al menos en teoría, el rendimiento es parecido al de la fotografía analógica.

Leerás aquí y allá que el sensor tiene 45 megapíxeles, lo cual parece mucho. En realidad, cada sensor tiene 15 megapíxeles, por lo que las imágenes serán de 15 megapíxeles, obviamente. Dicho esto, la calidad óptica es tan impresionante que no tendrás problemas jamás para hacer impresiones de gran tamaño.

Ten en cuenta que Sigma también produce una réflex SD1 Merrill que funciona con el mismo principio, pero que es más voluminosa, claro. Aunque no ese el tema.

Tres modelos distintos

Las Sigma DP Merrill se dividen en tres modelos distintos, todos ellos con el mismo sensor y el mismo cuerpo. Lo que varía son los objetivos. De acuerdo a Sigma, eso permite optimizar la dupla sensor/objetivo para lograr mejores resultados en términos de calidad. Quiero creerles.

Por tanto, existen las siguientes:

  • la DP1, con un objetivo 19 mm f/2.8 (equivalente a 28 mm, un verdadero gran angular)
  • la DP2, con un objetivo 30 mm f/2.8 (equivalente a 45 mm, una focal normal)
  • la DP3, con un objetivo 50 mm f/2.8 (equivalente a 75 mm, un pequeño teleobjetivo, típico para retratos)

 

Personalmente he elegido probar la DP2 Merrill, con su focal de 45 mm, ya que estaba acostumbrado a algo parecido con mi GX1 (que abarca el equivalente de 40 mm). Más tarde volveré a hablar sobre mi elección.

Estas cámaras se distinguen por su diseño sobrio, sencillo, que va a lo importante. Sin florituras, lo cual tiene la ventaja de que su uso sea intuitivo.

Una filosofía muy particular

Digámoslo desde el inicio: la DP2 Merrill ha sido concebida para un uso muy particular y no está indicada para ser la primera cámara. Básicamente, la utilizarás a modo de formato medio: de manera pausada, con tranquilidad, tomándote el tiempo necesario. A pesar de su pequeño tamaño, no es ninguna locura montarla en un trípode todo el tiempo (aunque obviamente yo la he usado a mano alzada).

En resumen, la idea de esta cámara es que ofrece una extraordinaria calidad de imagen cuando no hay falta de luz, en situaciones de largas exposiciones, sobre todo con fotos de paisaje o arquitectura. En esta disciplina, hace muy bien su trabajo. Debo reconocer que al leer el texto de la página de Sigma (y los copia-pega de comunicados de prensa que se encuentran en muchas páginas), lo primero que hice fue preguntarme qué parte era verdad y qué parte era puro marketing (todas las marcas hablan de “revolución” con cada lanzamiento de una nueva cámara 😉 ).

Pues bien, me sorprendió muy agradablemente, ya que parece evidente que la calidad de imagen es incomparable con la que se consigue con cámaras de este tamaño. De hecho, es posible hacer zoom al 100% en una foto y distinguir detalles muy sutiles, incluso a gran distancia.

¡Es impresionante! (panorámica hecha a mano alzada y ensamblada con Hugin)

¡Es impresionante!
(panorámica hecha a mano alzada y ensamblada con Hugin)

No obstante, es una cámara extremadamente especializada, y si se saca de este ámbito resulta incómoda.

Para comenzar, es incapaz de hacer una foto con poca luz. Desde 400 ISO se produce bastante ruido, y a 800 ISO resulta insoportable. Nunca he subido por encima de 200 ISO, eso se hace muy pocas veces.

Además, tiene una capacidad de reacción terrible. Cuando digo terrible, no exagero: el enfoque automático es lento (y eso sin hablar de situaciones con poca luz), las imágenes tardan un tiempo infinito en guardarse en la tarjeta de memoria (estoy hablando de 10 a 15 segundos), lo cual es comprensibles con archivos RAW de 45 MB. Y tampoco quiero hablar de la latencia entre dos fotos. En definitiva, no es una cámara hecha realmente diseñada para hacer fotos de acción.

Asimismo tiene poca autonomía, y una batería cargada a tope te servirá para hacer como mucho 100 fotos. ¡Y Sigma no se ha equivocado, porque se proporcionan dos baterías! (al menos son honestos).

Ah sí, y el modo vídeo casi no existe, por si aún lo dudabas (640×480; ¡eso, en nuestros días es prehistórico!).

Para resumir, no tendrás ganas de sacar más fotos de las necesarias, pero creo que en realidad esa es la idea de esta cámara: proporcionar una sensación parecida a la de la fotografía analógica (imposible de visualizar inmediatamente, enfoque automático muy por debajo de los estándares actuales, etc.).

Es por esta razón que no hablo mucho, porque si finalmente compras esta cámara, quiere decir que eres consciente de que está pensada para un uso muy particular y que no probarás a hacer fotos de acción con ella.

Volvamos a su uso sobre el terreno

En definitiva, me equipé con la DP2 Merrill y me vi obligado a salir de mi zona de confort y de mi terreno fotográfico habitual. Puede que ya lo sepas, pero yo hago sobre todo fotografía de concierto y en menor medida un poco de fotografía de calle. En resumen, más bien soy un fotógrafo de acción. Los paisajes y la arquitectura no me apasionan mucho, por lo que no son mi especialidad.

Así que he cometido un pequeño error desde el inicio: elegí una DP2, que tiene una focal demasiado larga para estos usos. Si quieres hacer principalmente fotografía de paisaje, la DP1 y sus 28 mm está sin duda mejor adaptada. Si bien es cierto que un 35 mm sería sin duda una buena elección de futuro para Sigma, se ganaría mayor versatilidad.

Dicho esto, me decidí a llevarla conmigo a hermosas tierras en mis último viajes. La pequeña DP2, por tanto, ha visto Aquitania y sus viñedos, Cracovia y su ciudad vieja, y Creta y sus campos de olivos que se pierden en el horizonte 🙂

A continuación te presento una pequeña galería de mis fotos de vacaciones. Te invito a verlas utilizando el zoom al 100% para apreciar bien la digna calidad óptica que ofrece esta cámara.

Monasterio de Tyniec, Polonia

Monasterio de Tyniec, Polonia

Plaza del pueblo al final de la tarde, Skalani, Creta

Plaza del pueblo al final de la tarde, Skalani, Creta

Montañas cretenses desde las ruinas de Lyttos

Montañas cretenses desde las ruinas de Lyttos

Monasterio en Creta

Monasterio en Creta

La Réole, Aquitania.

Monasterio benedictino de Tyniec, Polonia

Monasterio benedictino de Tyniec, Polonia

Murallas de Cracovia, Polonia

Murallas de Cracovia, Polonia

La Réole, Aquitania

La Réole, Aquitania

Cracovia, Polonia

Cracovia, Polonia

La Réole, Aquitania

La Réole, Aquitania

Ágios Nikolaos, Creta (¡he bajado la saturación de los azules!)

Ágios Nikolaos, Creta (¡he bajado la saturación de los azules!)

Claustro de La Réole, Aquitania

Claustro de La Réole, Aquitania

Al principio, sobre todo para un fotógrafo como yo, debo decir que la DP2 resulta un poco frustrante: como buen usuario de tecnología digital moderna, me gusta que las cosas vayan rápido. Y la Sigma DP2 se toma su tiempo. Y eso me hace ser impaciente.

Así que tuve que aprender a dominar las debilidades de la cámara y a utilizarla como se debe: con tranquilidad y calma. Finalmente, uno se siente bien.

Su utilización es, no obstante, súper intuitiva, y debo decir que no he tenido que leer el manual, dado que se encuentra fácilmente todo lo que uno busca. Al principio me hubiese gustado que tuviese botones de acceso más fáciles, pero al final me he dado cuenta de que no tenía ningún tipo de interés teniendo en cuenta la filosofía de la cámara (¿de qué sirve poder acceder fácilmente a la sensibilidad ISO si nunca se cambia?).

 

Lo que sí espero es que Sigma mejore la capacidad de reacción de su sistema en la próxima generación, porque, en mi opinión, es demasiado lento, incluso para un uso calmo y sereno. Está bien que esto no sea una carrera, pero la verdad es que supera un poco los límites de lo soportable.

En resumen, su uso se revela agradable a partir del momento en que uno acepta su particular filosofía. Se utiliza casi como si fuese un formato medio: si uno se toma el tiempo necesario, se consigue una imagen de calidad excelente.

De vuelta de los viajes… el procesado digital

Una vez ya de vuelta en mi querido y lluvioso norte de Francia (¡te aseguro que después de Creta, se hace raro!), era momento de pasar las fotos de la tarjeta al PC y ponerme a elegir y tratar los archivos RAW para dejar listas las imágenes finales.

Debido al tipo de sensor particular de esta cámara, los archivos RAW no pueden tratarse con programas clásicos como el Lightroom, y hay que usar sí o sí el programa Sigma Photo Pro. Así que te lo digo ya: esta no fue la mejor experiencia de mi vida.

Ya me había acostumbrado a la fluidez, rapidez y ergonomía de Lightroom, y tuve la sensación de hacer un viaje en el tiempo. Hacia el pasado.

En general, el programa se queda colgado, es poco ergonómico y carece de ciertas funciones que son realmente básicas. En definitiva, tuve la sensación de que o bien Sigma no lo ha pensado, o bien que han olvidado contratar a desarrolladores competentes. Me decantaré por la segunda solución 🙂

¡Y eso me entristece, porque Sigma tiene un diamante en bruto entre manos, con una dupla sensor/óptica que ofrece una calidad impresionante y con un potencial que, no obstante, no se aprovecha debido al software! Así que hago un guiño a Sigma Japón: ¡sobornen a alguien de Adobe, hagan algo, lo que sea, pero por favor saquen un software digno de este nombre!

Supongo que ya te has dado cuenta. El programa me ha crispado un poco, por diversas razones:

  • Es realmente muy lento.
  • No tiene función anular/borrar.
  • No integra herramienta de reencuadre.
  • El balance de blancos no se puede personalizar con el cursor. Solo se pueden usar ajustes predeterminados.
  • La gestión de colores es difícil: “estilos” predefinidos (paisaje, sujetos vivos y estándar) que caricaturizan demasiado. El ajuste de la saturación es demasiado sensible.
  • Cuando se vuelve a una foto en la que ya habíamos estado trabajando antes, se muestra el resultado con los ajustes predeterminados: es necesario volver a hacer clic en “Personalizar” para que se muestre el trabajo previo.
  • En varias ocasiones me ha ocurrido que el programa se cuelga o que mis ajustes desaparecen.

Sé que puede parecer que soy demasiado duro, pero si sacudo el árbol, es con la esperanza de que caiga alguna mejora  Sin embargo, debo decir que me he llevado excelentes sorpresas al utilizar la cámara (sobre todo al acostumbrarme al software, cuando su uso se hizo más fluido):

  • El rendimiento de las luces intensas es muy bueno, valga decir que nunca se han quemado los blancos realmente (y eso no se debe sólo a la buena exposición que he hecho durante el enfoque, también porque el sensor reacciona de una forma bastante similar a como lo hace un carrete analógico)
  • La función “X3 Fill Light” (es decir, dar brillo) es muy eficaz y ofrece unos resultados muy naturales siempre y cuando no se exagere.
  • El rendimiento del blanco y negro tiene un potencial realmente bueno, pero no está explotado.

Por todas estas razones (y también porque hubiese necesitado más tiempo para controlar bien el programa), no he logrado exactamente los resultados que quería en términos de calidad de imagen, lo cual me ha provocado un poco de frustración. Mi consejo es que se exporte la imagen lo más rápido posible en formato TIFF 16 bits, y que después se trabaje en Lightroom u otro similar.

En resumen

No esperes que le dé una nota a esta cámara, eso no tendría sentido. Dependiendo de lo que quieras conseguir, podría ser 0/10 o 10/10.

Si buscas la mejor calidad óptica posible para largas exposiciones, sencillamente es imposible encontrar una mejor relación calidad/precio. Insisto, es una digna cámara.

No obstante, si quieres una cámara versátil o que puedas usar en situaciones que requieran una mayor rapidez, entonces esta no es la cámara adecuada para ti.

Puntos fuertes:

  • Buena calidad de fabricación
  • Buena ergonomía minimalista
  • Calidad de imagen absolutamente excepcional

Puntos débiles:

  • No se puede usar con poca iluminación (salvo para largas exposiciones, claro)
  • La capacidad de reacción general es muy débil (autofocus, visualización de imágenes…)
  • Muy poca autonomía (pero se proporcionan dos baterías)
  • Software RAW realmente frustrante

Esto es todo, sospecho que la mayoría de vosotros no estáis interesados en esta cámara, pero podría ser la ideal para algunas personas. Sea como sea, nunca está de más saber de su existencia 😉

 

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