Retratos de viaje: los dos ingredientes fundamentales

10 diciembre 2015

Cuando se viaja es natural hacer fotos de los paisajes y de la arquitectura. Es lo más obvio y lo que enseñarías a tus amigos y colocarías en un álbum de fotos. Sólo que, en mi opinión, un álbum de viaje no estaría completo sin algunos retratos. Aunque lo cierto es que no es una disciplina sencilla cuando se viaja, aquí van dos ingredientes fundamentales que te voy a presentar a través de dos historias (también aplicables donde tú vivas).

Unos buenos retratos de viaje le darán un poco o mucha vida a tu álbum, con testimonios únicos de encuentros inolvidables (¡seguro que los tendrás!). Sin duda es mejor que un álbum lleno de fotos del mismo paisaje o de monumentos conocidos que han sido vistas miles de veces.

Todo este artículo nace de dos historias y estoy seguro de que te van a gustar 🙂

Una tarde soleada en McLeod Ganj

McLeod Ganj es una pequeña y tranquila ciudad colgada de las montañas. Ahí reside el Dalai Lama junto a un nutrido grupo de monjes budistas y refugiados tibetanos. No es extraño que el lugar sea conocido como la “pequeña Lhasa”.

La historia comienza el día anterior, mientras intentaba observar una lagartija cruzando un camino. Una simpática chica china llamada Estela me preguntó si era una lagartija o una serpiente 😛

 

No te voy a contar toda mi vida, pero simpatizamos y al día siguiente hicimos juntos un recorrido en rickshaw (un bici-taxi) fuera de la ciudad. Si no has ido a la India, no podrás comprender lo que es 😛

Un día y unos cuantos kilómetros de rickshaw después nos encontrábamos en la orilla de un lago un poco decepcionante (hay que decirlo), pero no fue tan grave, porque es la India, hace sol y con eso basta (normalmente me dan ganas de abofetear a los típicos turistas que se quejan todo el tiempo, pero bueno 😛 ).
Estela le habla a todo el mundo sin problema, sin ningún tipo de pretexto saluda con un “hello“. Una bonita lección de sociabilidad, de apertura hacia el otro y de calor humano.

¿108 o 110?

Había dos monjes sentados sobre un banco y Estela se les acercó para preguntar si podía sacarse una foto junto a ellos. Yo me encargo de la imagen, dándomelas de entendido, y solo consigo una foto de lo más clásica (seguro que termina en Facebook). Pero al menos estaba bien expuesta y encuadrada ^^

Estela continuaba la conversación. Como me he marcado el reto de hacer 10 retratos en 10 días, le hago un gesto a uno de los monjes para pedirle permiso y hacer algunas fotos (tiene una cabeza igual que la de la estatua de Buda, en serio).

 

Me doy cuenta de que no se siente cómodo con la cámara y que está todo el tiempo pendiente de si saco o no una foto. Continúo sonriendo, sin disparar demasiado pero con la cámara en la mano para que piense que no estoy haciendo fotos. Durante ese tiempo, Estela pregunta cuántas perlas tiene su rosario, y él responde que 108. Con un espíritu curioso, le pide contarlas 😀

 

A partir ahí se suceden momentos cargados de humanidad, divertidos y, obviamente, nuestro Buda se relaja y adopta un aire más distendido. Finalmente termina por olvidarse de la cámara por unos segundos. Ya tenía el retrato que quería. No sabía qué tipo de expresión, solo quería que fuese sincero. Y este es el resultado:

Cuando por fin tuve el retrato en la tarjeta de la cámara me dije que sería bueno inmortalizar también la interacción. Así que también cogí la cámara de Estela (la misma que la mía, afortunadamente, lo digo porque es china 😛 ), con un clásico 18-55 mm montado.

 

Durante este tiempo, Estela se da cuenta que en realidad hay 110 perlas en el rosario del Buda, algo que yo mismo intento explicarle (prácticamente no habla inglés). Un instante decisivo. He aquí el resultado:

En mi opinión esta foto refleja la quintaesencia de ese momento tan agradable. Podré recordar perfectamente esa sensación mirando la foto varios años después. A Estela también le gustó mucho 🙂 Es lo que solemos llamar una foto de recuerdo, en el sentido literal del término.

Aunque también es la única foto en la que nuestro Buda nos regaló una sonrisa. ¡En ninguna otra se le intuye un atisbo de sonrisa!

Ingrediente nº 1: calor humano.

Jamás habría conseguido estas dos fotos si Estela no hubiese establecido un hermoso vínculo humano con nuestros dos monjes. Si los protagonistas de tus retratos no te inspiran confianza, si no se sienten cómodos y si no terminan de olvidarse de la cámara, no lo conseguirás.

 

No lo dudes, es así, solo a veces se olvidan de ti y de la cámara durante una fracción de segundo, y esa es tu oportunidad. Por esa razón, es necesario reaccionar con rapidez, claro, y disparar en el momento apropiado. No tienes que comenzar a configurar los ajustes, deben estar preparados previamente.

 

En esta última foto, para seguir con el ejemplo, los ajustes eran muy sencillos: 100 ISO porque hay mucha luz del sol y será más que suficiente, prioridad a la apertura con la máxima apertura disponible porque es un retrato y no quiero que se vea el fondo, y una distancia focal que permita encuadrar a los dos protagonistas sin moverme de lugar (porque no quiero dejar pasar la oportunidad).

 

¿Entonces cómo hacer para que las personas confíen en ti, estén distendidas y se olviden de la cámara? Hay varias cosas:

  • Pregunta antes de sacar las fotos. Sí, tendrás que conseguir que el ambiente sea distendido, porque hacerlo de otra forma sería muy desconsiderado. Eso mismo me pasó hace algunos días mientras unos indios sacaban una foto así, si pedirme permiso (en algunos lugares los blancos seguimos siendo fuente de curiosidad), y te seré sincero, me parece muy desagradable.
    Recuerda, no son necesarias grandes palabras: basta con una mirada, una sonrisa y con enseñar la cámara lo suficiente. Para eso no es necesario hablar el mismo idioma, la sonrisa es un gesto universal 😉
  • Después dispara una y otra vez, variando los ángulos de enfoque. A mucha gente le cuesta posar frente a la cámara y tardará un poco en relajarse y comportarse de forma natural. Tantea un poco la situación mientras bajas la cámara y esperas a que la persona se relaje finalmente.
  • Establece contacto, comunícate como buenamente puedas (sinceramente, si no has aprendido a decir “buenos días” y “cómo estás” en el idioma oficial del país, debería darte vergüenza), y ves sacando fotos de tanto en tanto.

 

Generalmente, con esto es más que suficiente. Créeme. Especialmente si añades el segundo ingrediente. Esto se ve bien en una foto que saqué 10 minutos después.

Estela, top-model

Más tarde los monjes se marcharon y yo me senté junto a Estela tranquilamente para aprovechar el agradable sol que brillaba entre las montañas. Yo soy de ese tipo de fotógrafos que necesitan calentar (como los deportistas 😉 ), y después mantengo conmigo mi réflex con el objetivo 50 mm montado. Me parece que puede servir y tampoco está de más.

 

Pasados unos minutos, me doy cuenta de que todavía no tengo un retrato de mi amiga, y quiero tenerlo. No sólo porque es una mujer bellísima (pequeño detalle), sino sobre todo porque tiene una mirada interesante, todo lo contrario de una vaca mirando cómo pasa un tren 😛

 

Lo que quiero, en definitiva, es captar un instante natural. Estela comienza a hacer un poco de yoga (por tanto, pasa varios momentos con los ojos cerrados), y en un par de ocasiones, justo cuando vuelve a abrir los párpados, consigo captar una mirada muy particular. Tengo la imagen en mente, sé lo que quiero (paso n°1 indispensable para toda foto que se precie).

 

Ahora sólo me queda esperar a que ese momento se vuelva a repetir y capturarlo con la cámara. Fácil. Preparo los ajustes rápidamente (ningún misterio, Modo prioridad apertura, f/2, 100 ISO, y blanco y negro porque así es como lo siento), y mientras está con los ojos cerrados, preparo el encuadre y el enfoque. Espero.

Espero unos dos minutos a que vuelva a repetirse el momento, sin moverme lo más mínimo (una especie de yoga fotográfico 😛 ).  que se va a repetir. Y ocurre: Estela reabre los ojos, me mira y… ¡clic-clac, gracias Kodak!

 

He aquí el resultado:

Ya sé que le falta algún retoque, pero ya lo haré 😉

 

Me pude beneficiar de una luz natural muy particular con una calidad casi de estudio: la luz era intensa pero el polvo que lo envolvía todo la difuminaba y el fondo era oscuro. Lo que hace que la imagen resultante se parezca un poco a una foto de estudio sobre fondo negro. La bauticé “Estela, top-model” 😛

 

Lección nº 2: paciencia

Seguramente ya lo habrás intuido en la primera lección: hace falta paciencia. Pero quiero dedicarle un apartado especial, porque en este caso fue la paciencia la responsable de TODO. Si no hubiese esperado esos dos minutos, no habría podido conseguir esta imagen.

 

Necesitarás paciencia, ya sea esperando un momento decisivo con el ojo en el visor durante algunos minutos (es lo que hice en esta foto de calle, por ejemplo) o manteniendo preparada la cámara para elevarla y disparar en cualquier momento. Esto tiene que ver con la capacidad de reacción, por supuesto (no sirve de nada esperar si después fallas en el momento decisivo).

 

 

En la misma tarde, en tan solo 15 minutos, estas dos lecciones fotográficas cayeron sobre mi por su propio peso (ya las conocía, pero esta fue la vacuna definitiva). Y además, me dio una idea para escribir este artículo, porque es algo que debes tener presente y poner en práctica 😉

 

Esto ocurre si uno está de viaje, pero también es aplicable a todo tipo de contextos en los que quieras conseguir retratos espontáneos y naturales. ¡Espero que estas dos historias te ayuden y, sobre todo, publica un comentario para compartir las tuyas o para preguntar lo que quieras!

¡Y no olvides compartir el artículo! 🙂

 


¿Te ha gustado este artículo?
Ve más allá descargando mi guía "Diviértete fotografiando", que elimina los 5 problemas más frecuentes de los principiantes: ¡pincha aquí para descargarla inmediatamente!

Sobre el mismo tema

Prev
Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CommentLuv badge

¡Recibe gratis la nueva guía Diviértete fotografiando!

La solución a los 5 problemas de los principiantes:

  • ¿Tus fotos de interiores son amarillas?
  • ¿Tus fotos están desenfocadas?
  • ¿Los colores son apagados?
  • ¿Tus fotos en blanco y negro son grisáceas?
  • ¿Te falta ese toque especial?