Prueba del Sigma18-35 mm f/1.8 Art

Suelo hacer pruebas de objetivos sólo cuando podría llegar a tener un interés personal en comprarlo. En mi opinión, no tendría sentido probar un objetivo que no se adapte fácilmente a mi práctica fotográfica habitual. Si eres consciente de la importancia que le doy a una gran apertura máxima, entenderás que me lanzase a probar en esta ocasión el primer zoom del mundo a f/1.8.

Efectivamente, Sigma sacó en 2013 el primer zoom del mundo que permite una apertura máxima de f/1.8 con todas las focales (lo cual no quiere decir que no se pueda cerrar el diafragma 🙂 ).

Una pequeña revolución

Ciertamente es una pequeña revolución. Habitualmente, los zooms de gran apertura se limitan a f/2.8, y sinceramente eso no está nada mal. Una gran apertura máxima permite al mismo tiempo trabajar con mayor facilidad con poca luz y aumentar las posibilidades en términos de profundidad de campo. En definitiva, desde el punto de vista técnico y artístico es muy beneficioso.

Aunque tampoco hay que esperar que a f/2.8 se puedan usar focales fijas que abran a f/1.8 o más. Es por esta razón que se suelen preferir para hacer retratos, dado que permiten una profundidad de campo significativamente más reducida. El problema es que son menos flexibles, porque la única forma de adaptarse rápidamente a los cambios es aumentando o reduciendo el zoom.

La cuestión es que Sigma sacudió el mercado de los objetivos  sacando a la venta un zoom que abre a f/1.8: el Sigma 18-35 mm f/1.8 DC HSM Art. En resumen, el mejor del mundo mundial.

¿Qué se pierde?

Ya lo habrás adivinado, los ingenieros ópticos no son magos (¡eso es lo que me sorprende!), y han tenido que buscar soluciones intermedias para poder ofrecer este objetivo.

En primer lugar, el objetivo está reservado a las réflex con sensores APS-C, de forma que casi la mitad de cámaras del mercado quedan excluidas. Te habrás dado cuenta de eso porque los zooms más comunes generalmente ofrecen un rango de 17 a 50 o 55 mm, este llega hasta 35 mm.

¿Qué implica eso para ti? Pues bien, no podrás disponer de un teleobjetivo pequeño, lo cual quiere decir que tendrás que evitar los retratos desde cerca para evitar que las caras de los modelos se deformen al acercarte demasiado. Basta con ser consciente de esta limitación.

Por lo demás, el Sigma no ofrece tampoco sistema de estabilización. Con estas focales, no suele ser un problema, dado que una mayor apertura te permite ganar en velocidad de obturación con mayor facilidad.

¿Y la calidad óptica?

No tengo un banco de pruebas en casa para hacer pruebas de este tipo y, de todas formas, ya hay artículos-test en Internet desde hace tiempo sobre los más fiables y serios, es decir, los DxoMark. Y el veredicto es incontestable: el 18-35 mm gana de calle a sus competidores (el 17-50 mm f/2.8 y similares) en términos de calidad óptica. También supera a muchos objetivos de focal fija del mismo rango focal.

En definitiva, no hay nada que decir sobre eso: el 18-35 mm tiene una calidad óptica mayor que los de la competencia, sin ningún género de dudas. No hay nada de sorprendente en esto, en la medida que Sigma es un fabricante claramente capacitado para producir objetivos de alta gama a un precio perfectamente razonable (¡pienso por ejemplo en el excelente 35 mm f/1.4 Art, mejor que las versiones de Canon y Nikon, y encima más barato!).

Lo que es ciertamente fascinante es que con este objetivo te sentirás como si tuvieses tres focales fijas entre las manos de forma permanente: la misma apertura y la misma calidad óptica. Y todo ello con la flexibilidad que ofrece un zoom.

¿Y a la práctica qué?

Me dirás que todo esto está muy bien, pero que no digo nada de si después el trasto se desenvuelve bien en plena faena. Las características técnicas y la calidad óptica medida en laboratorio son un buen indicador, pero es necesario averiguar si hay otros defectos.

Así que decidí probarlo en mi ámbito preferido: la fotografía de concierto (Keziah Jones para la ocasión). Son situaciones con condiciones difíciles en las que la luz es escasa y complicada de administrar. Ideal para probar varias cosas:

  • La utilidad real y práctica de la apertura a f/1.8 en relación a mi f/2.8 habitual
  • La rapidez del autofocus del objetivo (crítico en fotografía de concierto y difícil con poca luz)
  • El impacto de la falta de 20 mm de focal en mis imágenes
  • El impacto de la ausencia de estabilizador

Efectivamente, habitualmente utilizo una Canon 7D con un Canon 17-55 mm f/2.8 IS USM. Tengo una segunda cámara, una Canon 5D MkIII con un 70-200 mm f/2.8 IS USM montado en ella, para los disparos desde más lejos. En la práctica, alterno entre ambos conjuntos según lo que ocurre en la escena y según la foto que quiero conseguir.

Normalmente utilizo el zoom pequeño para capturar a todo el grupo, un músico desde muy cerca (de forma que se vean reforzadas las perspectivas y el espectador “entre” en la imagen) o las interacciones con el público. El zoom grande más bien está pensado para hacer retratos de planos cerrados de los músicos y del batería, siempre situado demasiado lejos 😉

¿Abrir a f/1.8 realmente cambia algo?

La 7D es una cámara excelente, pero comienza a quedarse un poco desfasada: no puedo subir las ISO a más de 1600. A veces es un poco justo para la luz que hay en los conciertos.

Al ganar 1 paso en la corrección de exposición, también he visto la diferencia. Muchas menos fotos quedan subexpuestas e incluso, a veces, con sensibilidades ISO más reducidas logro un mejor resultado.

Funciona realmente bien con poca luz, y dado que sé que este es el problema fundamental para muchos, creo que es un aspecto a subrayar. Si ganas toda esa luz, lograrás fotos menos desenfocadas o mejor expuestas.

¿Qué cambia el hecho de contar con 20 mm menos?

Algo que me hacía temer un poco era sentirme “apretado”, en cierto sentido con una mirada estrecha, porque estoy acostumbrado a poder hacer zoom hasta 55 mm (equivalente a formato completo de aproximadamente 90 mm). En concierto, se tiene poca movilidad, y el hecho de poder hacer zoom fácilmente es importante.

Sinceramente, este inconveniente se ve compensado claramente por el hecho de que llevo una segunda cámara conmigo que me permite tener una distancia focal mayor si la necesito. Al final, no lo he sentido mucho. Incluso sin esto, me ha sorprendido no sentirme tan apretado y estrecho como imaginaba. En ocasiones me he acercado un poco más, pero en todos los casos me ha bastado.

Podría ser el caso para ti si en un concierto sólo tienes el 18-35 mm. Y aun así, es necesario que la sala sea muy grande para llegar a sentir la necesidad de disponer de una distancia focal de 50 mm.

Si se le va a dar un uso más clásico en la vida cotidiana, sinceramente, creo que molestará a mucha gente. La mayoría de fotos de la vida cotidiana se hacen con este rango focal, y el 50 mm (equivalente 75 mm) será más bien para planos cercanos y retratos. Por tanto, muchas veces sentirás la falta de zoom, pero en mi opinión, no tanto como uno podría pensar.

El resto

En lo referido a la rapidez del autofocus, no he tenido ningún problema. Tiene tanta capacidad de reacción como mi 17-55 mm f/2.8 de Canon, es decir, que no me ha hecho ir más despacio a pesar del ambiente oscuro, que tantos problemas puede causar a otros objetivos.

La ausencia de estabilizador tampoco es un problema: dado que los sujetos se mueven rápido, siempre trabajo de sobras por encima de la velocidad de obturación necesaria para evitar el desenfoque de movimiento.

En fin, después de probarlo un poco en mi casa, me di cuenta de que el 18-35 mm me reservaba una bonita sorpresa: una facilidad para hacer fotografía de proximidad muy interesante. No llega a ser macro, claro, pero la distancia mínima de enfoque es considerablemente más reducida que en objetivos equivalentes. Además, se pueden sacar fotos desde bastante cerca con mucha facilidad. Por ejemplo, este pequeño globo terráqueo mide 8-9 cm de alto, y tal y como lo ves aparece en cuadro completo. A f/1.8 el contorno de la profundidad de campo queda muy bien.

¡De ahí que se puedan hacer bonitas fotos de cerca!

Es un detalle, pero a muchos les gusta poder sacar fotos desde cerca, sin más.

En conclusión

En definitiva, cuanto más lo pienso, más me digo a mí mismo que el Sigma 18-35 mm f/1.8 probablemente sea el objetivo que querríamos tener para hacer fotos a diario. Finalmente, lo único que necesitarás para complementar es un 50 mm f/1.8. De esta forma, estarás preparado para darle muchos usos a tu cámara, todo ello sin comprometer por un instante la calidad de imagen.

Claro que esto, obviamente, tiene su precio. Este objetivo cuesta unos 700 € en la mayor parte de tiendas online. Puede parecer mucho, pero sigue siendo una excelente relación calidad-precio: menos caro que tres objetivos de focal fija y que un 17-55 mm f/2.8 de fabricantes como Canon o Nikon. En mi opinión, es una buena inversión que te durará mucho tiempo, teniendo en cuenta que es un producto muy sólido y bien acabado, sin llegar a ser un mastodonte.

Espero que esta prueba responda algunas preguntas que hayas podido hacerte sobre este objetivo por el que tanta gente se interesa (recibí muchas por email). ¡Si te quedan preguntas sin contestar, no dudes en comentar! (una rima discreta, ¿has visto qué poeta que soy? 😛 )

 

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