¿Pero qué haces aquí?

27 septiembre 2016

(Aclaración: este es un artículo escrito por nuestro invitado Thomas Hammoudi en el que se incluyen un gran número de preguntas muy buenas. Así que es él quien tiene la palabra en este artículo 😉 )

Introducción

Por decirlo de alguna manera, buenos remedios son aquellos que nos aplicaríamos a nosotros mismos. Así que comenzaré por responderme mi propia pregunta: ¿qué hago aquí?

Mi nombre es Thomas Hammoudi. Tengo 27 años. Soy un fotógrafo que vive en Rouen y he abierto un blog para acompañar mi práctica. Lo inicié atribuyéndole el sentido original del nombre: web-log, es decir, para el público menos diestro con el inglés: un diario en línea. ¿Pero un diario de qué? Cuando comencé con la fotografía, hice las cosas en el orden correcto: empecé leyendo muchas obras sobre el tema (todas están en mi bibliografía) y construyendo mi propio razonamiento y análisis acerca de qué podría ser este campo artístico. Mi cerebro tenía una capacidad de almacenamiento limitado de ideas, así que empecé a redactar este blog para hacer un seguimiento y tener un espacio donde plasmar mi evolución. Mi blog sería un poco como el equivalente de Aurillac (un pueblo situado en la región de Auvernia) en el mapa de Francia… De repente, Laurent lo descubrió, le gustó, y decidió darme carta blanca para que escribiese un artículo aquí. Y no me he podido resistir 🙂

Seré transparente con vosotros (¡algo que cada vez será más raro a medida que avance este año de elecciones presidenciales en Francia, así que aprovechadlo!). Como acabo de explicar, mi blog es una especie de diario de viaje”, y habría tenido la impresión de arrancar una página completa si hubiese escrito un artículo completo (tal y como yo los concibo) en curso-de-fotografia.net. Finalmente, pensé que con un poco de descaro se podría hacer algo que fuese igual de interesante, por lo que mi contribución al blog de Laurent simplemente es esta pregunta:

¿Qué haces aquí?

PD: sin duda os voy a apretar un poco más de lo que lo hace Laurent, pero sin ninguna mala intención. “¿Qué haces aquí?“, esta debe ser la frase que más veces le digo a mi gata, y eso que se porta muy bien. En base a estas dulces palabras… pongámonos en marcha.

¿Ves que parece estar muy perturbada…?

Y ahora te dirás: “¿Qué? ¿Todo este rollo para esto? Es fácil… Estoy aquí para…

“Aprender fotografía”

captain-obvious-south-park

Parece tan evidente que da la impresión de que estoy afirmando cosas obvias. Así que voy a terminar con esta posible pista, por la sencilla y buena razón de que las cosas se aprenden porque uno tiene un objetivo. Por poner un ejemplo, no te has sacado el carnet de conducir por el simple placer de saber conducir un vehículo (nadie soportaría el aprendizaje vetusto y tediosos del código de circulación sólo para eso). Lo has hecho porque lo necesitabas para trabajar, viajar o cualquier otra razón.

Y seamos honestos, tal y como lo decía Laurent en uno de sus vídeos, en lo referido a la técnica fotográfica, no hay nada realmente demasiado difícil de aprender. Si bien otras disciplinas artísticas requieren varios años de práctica antes de producir un resultado satisfactorio (intenta aprender ballet y verás…), la técnica fotográfica se aprende en pocos meses. Desde sus inicios se resume a tres parámetros que se influyen entre sí: apertura, velocidad de obturación y sensibilidad ISO. Si comprendes estos fundamentos y practicas un poco, puedes llegar rápidamente a conseguir resultados óptimos desde el punto de vista técnico.

Por tanto, el aprendizaje de la fotografía, es decir, de la técnica fotográfica, únicamente tiene interés si se tiene una idea más o menos clara de qué se quiere hacer. Entonces, si estás aquí para eso, ¿qué piensas hacer con estos conocimientos?

“Sacar bonitas imágenes”

Así que, para resumir, no es posible que el objetivo sea sacar bonitas fotos, al menos esta no es una posición que se pueda defender dese un punto de vista lógico. Bueno, aquí la cosa se pone sórdida, y como toda sordidez, vamos a apelar a un alemán llamado Emmannuel Kant (“Manu” para los amigos).

No tiene ningún interés buscar la belleza en el arte, al menos en su acepción general: aquello que gusta a las masas. Básicamente porque la noción admitida “comúnmente” es que lo bello mengua con el paso del tiempo, y que después puede volver a aparecer. Además, definir la belleza es un ejercicio peligroso, tal y como dijo Rothko. En su estado más elevado la belleza es una exaltación provocada por uno (o varios) estímulos, exaltación que se compone de una sensación (“es bello“), de un sentimiento (alegría, tristeza, melancolía, etc.), y de una aprobación intelectual (“esta obra está bien compuesta“). Sabiendo que al igual que en una puesta de sol, se puede encontrar belleza en el hecho de ser padres, el espectro de estímulos provocados por estos acontecimientos es muy amplio, por lo que definir la belleza se revela muy complejo.

Emmanuel Kant, llamado "German Swaggy Boy"

Emmanuel Kant, llamado “German Swaggy Boy”

Kant enuncia cuatro principios en su Crítica del juicio, y hoy nos interesa el segundo. Afirma lo siguiente:

“Es bello aquello que gusta universalmente y sin concepto”

Kant.

La última parte de la frase sin duda es la más importante: no se puede conceptualizar la belleza. Es decir, que no se puede explicar aquello que encontramos bello de una cosa. Retomemos nuestros ejemplos: no es posible explicar aquello que encontramos bello en una puesta de sol, no podemos crear un concepto. Ocurre lo mismo con el nacimiento de un niño, o con una balada de Chopin. Por último, cuando digo que no es posible, si de repente lo consigues, piensa en advertir a la comunidad filosófica. Se alegrarán de saberlo.

La primera parte de la frase, resumido de forma grosera (se entiende mejor al leer las otras tres), dice precisamente que lo bello gusta universalmente, o que al menos tiende hacia eso. Y por tanto, algo que sólo te gusta a ti, no puede ser bello.

Volviendo a nuestras preocupaciones fotográficas, esto significa −para clavar el clavo como hizo Poncio Pilatos−, que no puedes decir “Puedo producir bonitas imágenes”. Sería una ilusión, ya que intentarías aplicar un concepto que no existe. Y resulta lógico, si tuviésemos la receta de lo bello, haría mucho tiempo que lo aplicaríamos a diestro y siniestro. Lo único que tenemos, aunque sea más o menos fiable, es aquello que gusta, pero eso es otra cuestión…

Aunque no hace falta entrar en estado de pánico: muchos fotógrafos se las arreglan muy bien sin esta búsqueda imposible. Como hace William Eggleston, un referente de la fotografía contemporánea. Le interesa lo banal, y lo fotografía desde los años 60 en los alrededores de Memphis. Es uno de los pioneros de la fotografía en color en el mundillo del arte. Y también un dandi muy particular.

Fotografía – W. Eggleston

Fotografía – W. Eggleston

“¡Fotografiar recuerdos!”

Comienzas a comprender cómo funciona, y ya deberías saber identificar el gato encerrado. De forma general, las nociones de recuerdo y realidad son bastante poco fiables.

En lo referido a la realidad (en el arte y concretamente en la fotografía), su comprensión ha sido objeto de una producción filosófica de las más consecuentes. Sería totalmente iluso imaginar poder resumirla o inferir cualquier cosa en formato artículo, pues se trata de un campo vasto y complejo. Es un tema cuyo interés intelectual es igual a su complejidad. Además, a fin de ser concreto y eficaz sin dejar de prestar atención a la cuestión de la realidad en fotografía, vamos a hacer lo contrario, y reflexionaremos desde un punto de vista científico. Saquemos las batas blancas, vamos.

Lo que captura la cámara

Tu cámara no captura nada más que un fragmento de lo que consideramos como realidad. Imaginemos que estás a punto de fotografiar una escena, pongamos como ejemplo, una montaña.

Fotografía – R. Axelsson

Fotografía – R. Axelsson

Es momento de hacer matemáticas: imaginemos que tienes un objetivo 11 mm, montado sobre un sensor APS-C (eres rico, pero no multimillonario). Con este objetivo, cuentas con un ángulo de 104° de longitud, y unos 70° de altura (con el sensor de formato 3:2, la altura es “menor”). Además, en un mundo en el que no hay límites, capturarás horizontalmente un 29% de la escena y un 19% de la escena verticalmente (si fotografías en horizontal). Digamos que no es demasiado, sabiendo que tenemos un gran ángulo, con un 70 mm, las proporciones son ridículas.

De esta forma, con tu cámara cortarás el mundo como con un hacha, pero es aún peor si lo pensamos desde un punto de vista temporal: en general registramos la imagen entre 1/1000s y 30 segundos. En comparación con el caudal infinito de tiempo, la noción de captura de la realidad cae en picado. Aunque es cierto que es propio de la fotografía elegir un instante concreto del flujo temporal, es necesario recordar que es tan ínfimo que difícilmente podrá representar la “realidad”.

El caso del ingeniero japonés

Todo el alegre equipo reunido tras la fabricación de una manzana con sabor a salmón

Todo el alegre equipo reunido tras la fabricación de una manzana con sabor a salmón

El ingeniero japonés es sin duda la persona de la que más nos olvidamos en todos los debates técnicos, y sin embargo, él lo decide todo. Podríamos haber tomado a un alemán, pero dado que nadie puede pagarse una Leica, Japón servirá perfectamente.

El ingeniero japonés es aquel que concibe los productos que utilizas para hacer fotografía (desde la cámara hasta el objetivo, pasando por el software de revelado/retoque), y su trabajo no es neutro; lejos de ello. En su proceso toma decisiones, para responder a una serie de necesidades industriales, y también a las tuyas (un poco). Decide muchas cosas, demasiadas como para enumerarlas, pero aquí va una pequeña recopilación:

  • Todo el funcionamiento de tu sensor: su dinamismo (hasta dónde puede llegar desde lo más claro a lo más oscuro), sus colores, el número de píxeles, el número de fotositos que contiene y cómo están repartidos. Todo esto tiene un impacto de primer orden, pues el sensor es el primer elemento que permite pasar del mundo analógico (la luz es continua) al mundo digital (la luz se corta en valores propios de una señal digital, que es discontinua por definición). Si cambias estos parámetros, el sensor capta el mundo de forma un poco diferente.
  • La concepción de tu objetivo: su ángulo, los detalles que podrá reproducir, el contraste, la cantidad de luz que puede enviar al sensor…
  • El software interno de tu cámara: esto ya es la leche. Y comienza mucho antes de que sea sacada la foto: ¿qué es una buena exposición? ¿Dónde está el sujeto? ¿Sobre qué hago el enfoque? ¿Queda nítido ajustado de esta forma? ¿Realmente nítido? ¿ISO 800 y F2.8 está bien? ¿O ajusto a ISO 1600 y F4? (Bueno, vamos, voy a hacer esto…). Toda la parte automatizada de la cámara está concebida por el ingeniero japonés, pero también el tratamiento digital de las imágenes (si disparas en JPEG, si no está hecho en…).
  • El software de revelado: también se puede hacer desde la cámara, pero si utilizas un software aparte, el principio es el mismo. La primera parte del tratamiento digital consiste en proporcionar una imagen JPEG de visualización a partir del archivo RAW, y cada ingeniero tiene su receta. Se toman los datos del archivo RAW y se interpretan: tal píxel da tal valor… “¡Yo digo azul claro!” / “¡No es azul verdoso!” Estoy exagerando un poco, pero comprar el trabajo hecho por dos softwares diferentes, tú mismo lo podrás comprobar. Luego todos los algoritmos que hay detrás del tratamiento funcionan en base al mismo principio: balance de blancos, contraste, exposición, corrección de los defectos del objetivo. Todos tienen un propósito (nunca definido exactamente de la misma forma) con una forma concreta de llegar a él.

Y en analógico era lo mismo, en el caso de la cámara. Sólo podía captar ciertos colores, y cada marca ofrecía un rendimiento particular (para nuestra gran satisfacción). Lo que es necesario recordar es que para captar las imágenes dependes de las decisiones previas tomadas a nivel industrial. No hay nada de malo en eso, simplemente hay que ser conscientes: vas a capturar un pedazo de la realidad (si es que tal cosa existe) con un producto sobre el que no tienes un control absoluto. Esta captura, su paso de lo analógico a lo digital, está hecha en gran medida de las decisiones previas…

Así que para resumir: nuestra memoria es frágil, nuestras cámaras son imperfectas y cualquier cosa menos neutrales, y a eso le tenemos que sumar nuestras propias decisiones. ¿Piensas fotografiar recuerdos y la realidad? ¿De verdad? ¿Y ahora?

Para concluir con esta parte, tomemos el ejemplo de Hiroshi Sugimoto (杉本博司 para los japoneses), un fotógrafo nipón que actualmente vive a medio camino entre Tokio y Nueva York. Es conocido por su excelente técnica fotográfica, centrada en la utilización del formato 8×10 pulgadas y por sus exposiciones extremadamente largas. Los aspectos conceptuales y filosóficos de su trabajo también son muy apreciados. Es conocido principalmente por sus series sobre los cines (Theaters, en los que el tiempo de exposición es ni más ni menos que el tiempo que dura la película, así que son “retratos de películas”) o por sus largas exposiciones fotografiando océanos con formato cuadrado, los Seascapes. Y aquí es donde se queda bloqueado, estaba ahí, presente (mucho más tiempo del que se emplea para hacer retratos, por ejemplo) cuando sacó esas fotografías, ¿pero se trata de recuerdos? Te dejo que lo pienses.

Uno de los "Theaters" de H. Sugimoto

Uno de los “Theaters” de H. Sugimoto

Uno de los "Seascapes" de H. Sugimoto

Uno de los “Seascapes” de H. Sugimoto

“Por placer”

Hmm, por qué no. Pero la gama de posibilidades en lo referido al placer es muy amplia, así que ¿por qué elegir adquirir un material caro, dedicar horas a aprender a utilizarlo, a mejorar, y más aún a practicar, mientras hay otros placeres que son mucho más inmediatos? Creo que estaremos todos de acuerdo al decir que la relación entre inversión y placer es poco interesante en fotografía, especialmente si se compara con una buena cerveza en una terraza o con la lectura de una buena novela (¡7€ y tienes 7 horas de lectura!).

¿Entonces por qué te molesta hacerlo si buscas placer?

Conclusión

¿Tienes otras cosas por decir? ¿No? ¿Realmente? ¿Entonces nos detenemos aquí? Muy bien. Tras haber leído todo esto, veamos si puedes responder a esta pregunta: ¿Qué haces aquí?

Ahora nos encontramos de nuevo un poco en la misma posición de Sócrates cuando enunciaba: “Sólo sé una cosa, que no sé nada”. Y créeme, no hay mejor lugar desde el que partir para progresar, ni mejor forma de comenzar que un “viaje fotográfico”. Para ilustrar la idea, vamos a emplear una imagen de la mitología judeocristiana que viene como anillo al dedo en este contexto: es aquella de Moisés y del pueblo hebreo cruzando el mar (también podríamos haber tomado la carrera de Florent Pagny, hubiese funcionado).

¡Yihah! ¡Hay baja mar!

¡Yihah! ¡Hay baja mar!

Mediante una aventura a la vez emocionante, llena de imprevistos y parábolas religiosas, Moisés libera a su pueblo del yugo de los egipcios. Luego, huyendo de los egipcios, cruza el mar (que Dios ha abierto previamente, nada mal) y se encuentra en medio del desierto. Y ahí, él y su pueblo, sin encontrar la Tierra prometida, erraron durante 40 años en el desierto. Sí, así es la Biblia, 40 años, ni más ni menos, la religión es una cuestión de precisión. Al principio su pueblo se queja (ten en cuenta que el desierto no es lo más agradable del mundo) y poco a poco van aceptando su condición, hasta encontrar la famosa Tierra prometida. Durante la travesía, Moisés muere, justo antes de llegar. Parece que Dios tiene un sentido bastante particular de la ironía. ¿Por qué nos interesa esto? Pues bien, en todo cambio de paradigma, de formas de hacer y pensar, existe un periplo como este. Sabes que tienes camino por recorrer, pero es un camino oscuro, sinuoso, y no necesariamente rápido. Pero si eres tenaz, terminarás por llegar antes o después.

¿Qué haces aquí?

En realidad, existe una respuesta bien sencilla a esta pregunta. Una respuesta que funciona siempre y cuando nos dediquemos a esta pasión todo el tiempo, que leamos en todo momento lo que nos dice nuestra cámara, que nos peleemos con la técnica, la historia, la composición. Una razón que aunque a veces te complique las cosas, por poco placer que sintamos, compensa el resto. Estoy seguro de que lo encontrarás tú solo. Sea cual sea, estás en buenas manos y, como mínimo, Laurent te ayudará.

Y si no llegas a sentirlo, o si quieres experimentar más, ya sabes dónde encontrarme 🙂

Besos para todos, y sacad fotos.

¡Y no olvides compartir el artículo! 🙂

 


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