[Making-of] Historia de una foto en 59 segundos

Una de las mejores formas de aprender fotografía es descifrar las imágenes que han salido bien, comprender el porqué de los buenos resultados y extraer las conclusiones para mejorar nuestra propia práctica fotográfica (lo que llamamos inspirarse). Aunque a veces resulta difícil hacerlo uno mismo. ¿Qué mejor que lo explique el propio autor?

En realidad están apareciendo muchos libros en esta línea escritos por fotógrafos como Steve McCurry o Michael Freeman, en los que descifran sus imágenes y cuentan la historia que hay detrás de ellas. ¡Ni qué decir tiene que aprenderás muchas cosas! Salvando las distancias, modestamente, yo hice lo mismo. En su momento tuvo mucho éxito, pero no lo hago muy a menudo porque generalmente me muevo en el ámbito de la fotografía de concierto, en el cual no siempre es tan evidente que haya algo por descifrar. Sin embargo, la fotografía “de calle” (que también me divierte), generalmente es más interesante en este sentido. Por tanto, te voy a explicar todo el proceso fotográfico que me permitió hacer la foto que sigue, la cual tuvo un éxito considerable (estuvo temporalmente en el Explorador de Flickr). Y, sobre todo, me encanta.

“El dibujo es la probidad del arte” – Ingres

Timidez al principio

El domingo pasado fui al Louvre, concretamente a la sección de esculturas. Cuando decía que me esfuerzo por inspirar muchas cosas bellas para después expirar cosas bellas, no mentía 😉 Por decirlo así, ese día me sentía de buen humor fotográficamente hablando. De hecho, en el transcurso de un día hice muchas fotos que me encantan (y al día siguiente ocurrió lo mismo). Estaba de buen humor, con energía, en plena forma. Además la luz en el exterior era mi preferida: un típico cielo de otoño o invierno un poco después del mediodía, con ese clima frío y seco, con un sol bajo que, en vano, nos da la esperanza de calentarnos las manos y los pies. La luz es rasante de forma permanente, ideal para fotos a contraluz, sin ser demasiado dura. En definitiva, tenía la cámara colgada al cuello y sufría un brote de “disparitis aguda”, y debo reconocer que en el Louvre me preocupé más por buscar buenas escenas fotográficas y no tanto por contemplar los Caballos de Marly (que por otro lado son admirables). Entonces, de repente, me encuentro en ese magnífico hall donde se exponen numerosas esculturas, algunas de ellas verdaderamente monumentales. Hay muchos estudiantes sentados en el suelo, lápiz y cuaderno en mano, dibujando. Veo a un niño de 10 años que dibuja mejor de lo que jamás podría hacerlo yo. Me pongo alerta: a mí que tanto me gustan lo humano y, sobre todo, los artistas, siento como se despierta en mí el espíritu fotográfico. Se me presentan varias escenas, pero ninguna me dispara (sin juegos de palabras) realmente el deseo. De repente paso al lado de una chica que recién comienza a dibujar. Mi ojo se retuerce como un salmón remontando la corriente de un río en otoño, busca un ángulo de enfoque, pero al cabo de dos segundos se relaja. Demasiado bueno como para ser espontáneo. Luego encuentro lo que necesito. Una estudiante, con un aire de bondad, dibuja Amphitrite de Jacques Prou (sí, he buscado en la página del Louvre para averiguar el nombre 😀 ). Desde el lugar donde me encuentro, ya veo una imagen con claridad. Puedo hacer algo, lo sé, lo siento. Espero que hayas tenido alguna vez esta sensación, a mí me encanta. Lo único, teniendo en cuenta cómo quiero encuadrar (de cara a ella, colocándome detrás de la escultura), es que seguramente termine por descubrirme. Incluso si usase una cámara híbrida, sería muy evidente que la estaría fotografiando a ella. Por tanto, debo reconocer humildemente que, por el momento, abandono la idea. Doy una vuelta por el museo, pero tengo una frustración terrible, y no puedo sacarme de la cabeza la supuesta imagen, como si una luz llena de vitalidad se hubiese imprimido en mi retina durante varios minutos. Para ser sincero, han tenido que pasar 10 minutos antes de decirme que puedo preguntar y que eso no cuesta nada. Especialmente porque he hecho cosas mucho más frívolas, ¿pero qué quieres?, todos tenemos momentos de falta de confianza. Al final simplemente me acerqué a ella:

“−Hola, soy fotógrafo, hace 10 minutos que una imagen me ronda la cabeza y no logro deshacerme de ella. ¡Resulta que en ella apareces tú! ¿Te molestaría si te hago algunas fotos? –¡No, por supuesto! –¡Bien, perfecto, continúa con lo que estabas haciendo!”.

Sí, eso es todo. No era tan dramático. Todo esto para decirte que todo el mundo tiene miedo a preguntar y que no hay nada que temer. La gente te dirá que , y con una sonrisa dibujada en la cara, sobre todo los artistas: su “por supuesto”, de hecho, es muy revelador. Los artistas comprenden esta necesidad de sacar algo de adentro, porque les ocurre lo mismo.

El disparo

¡Basta de poesía, hablemos del disparo! La cámara está configurada en modo prioridad a la apertura, a f/1.7, con apertura máxima, porque quiero aislarla del resto de la imagen. Sé que no saldrá demasiado cerca y que, por tanto, dispondré de una profundidad de campo suficientemente grande (la distancia de enfoque es bastante importante). Trabajo en RAW, por supuesto, y en blanco y negro, porque es así como visualizo la foto en mi mente en ese momento. No importa que después el archivo RAW aparezca en color con el programa, eso me permitirá ver con mayor facilidad cómo se reparten los tonos. Empiezo por colocarme donde quería al principio: detrás de la estatua, ligeramente orientado a la izquierda de la chica, de forma que la estatua aparezca un poco desenfocada en primer plano. Encuadro con precisión, sin cortar la estatua, situando a la chica lo mejor que puedo. Saco la primera foto.

Archivo JPEG recién salido de la cámara, como las otras fotos de prueba de la serie.

Identifico dos defectos: es mucho mejor si ella mira la estatua cuando disparo (obviamente), y las líneas no están del todo bien alineadas con las esquinas o los bordes del encuadre. Las corrijo en una segunda imagen hecha 17 segundos más tarde.

No obstante, a esta imagen le sigue faltando algo. No está del todo mal, pero tampoco es para tirar cohetes. A la composición le falta equilibrio: los elementos principales (la chica y la estatua) están mal colocados. Su pie está tapado por la mano de la estatua. Además, las líneas diagonales no son suficientes para darle una fuerza real a la imagen y potenciar el sujeto. Si me desplazo a la derecha, quedaría demasiado de perfil en relación a ella, y quiero ver su cara. Si me muevo un poco a la izquierda, entonces centro un poco más los dos elementos y la foto todavía tiene menos equilibrio, al menos en mi opinión. En todo caso, es menos dinámica. Ten en cuenta que analizo todo esto a posteriori pero que en el momento simplemente me moví un poco y vi que no funcionaba. De cabeza, de forma casi inconsciente, repaso todas las herramientas que tengo a mi alcance para mejorar la composición. De momento no lo pienso de forma consciente, pero finalmente voy a elegir colocarme de frente en relación a la chica, por tanto, me muevo hacia la izquierda. Voy a colocar la estatua a la derecha de la chica y no al revés. Esta posición tiene una doble ventaja (de nuevo, esto es un análisis a posteriori: en el momento de la foto me digo “¡ah sí, así está bien!”):

  • Me permite eliminar el problema de las líneas horizontales formadas por las escaleras, que darán una base a la imagen (tanto literalmente como en sentido figurado). Al mismo tiempo, elimino la escalera del fondo. Esta última es más compleja pero finalmente menos molesta dado que la composición es más sencilla y clara. Se podría decir que era posible aprovechar las líneas para dirigir la mirada hacia el sujeto. Tal y como puedes ver, el primer plano un poco desenfocado permite lograr un efecto como de un semicuadro dentro del cuadro.
  • Permite colocar a la chica en relación a la estatua con mucha más flexibilidad, así que es más fácil equilibrar la imagen.

Saco una nueva foto, 33 segundos después de la anterior:

Me gusta mucho la composición, pero estoy tan emocionado por haber encontrado la posición adecuada, que me olvido de esperar a que levante la mirada. No muevo mi encuadre y, 9 segundos más tarde, saco la foto buena.

Archivo JPEG sacado directamente la cámara también, más que nada para enseñarte la diferencia después del revelado digital.

De ahí el título de este artículo: han pasado 59 segundos entre la primera, la cuarta y la última imagen, la buena. Evidentemente, 15 minutos antes dudaba, pero me dio el tiempo necesario para que la idea madurase 🙂 Ella ve que estoy satisfecho, me mira, le murmuro un gracias desde lejos, y me voy.

El revelado digital

¡Naturalmente el trabajo no termina ahí! Luego falta mejorar la imagen en el revelado digital para darle el toque que merece. Lo primero en lo que reparo es en que la imagen está claramente subexpuesta. En el momento del disparo, por miedo a perder la oportunidad precisa, no comprobé el histograma (¡esto le ocurra a todo el mundo! 😀 ). Felizmente, a f/1.7, 1/60s y 400 ISO, si hubiera sobreexpuesto durante el disparo, tendría que haber aumentado las ISO, lo cual equivale más o menos a subir el cursor correspondiente de exposición en el programa de tratamiento digital (ambos crean ruido). Después de pasarla a blanco y negro, porque esto es lo que quería, comencé a subir la exposición a +1,5. Ahora está mucho mejor. La imagen es luminosa y la chica, vestida con ropa más oscura, se destaca muy bien del fondo (porque el contraste atrae la mirada). No obstante, las zonas oscuras son demasiado claras, por lo que bajo los negros a -15, más que nada para darle mayor presencia. Agrego también +25 de claridad, es decir, de microcontraste, para valorizar las texturas y que el resultado no quede tan liso. A pesar de todo esto, todavía no me siento del todo satisfecho con el resultado, me falta agregar contraste. Primero pruebo directamente con la herramienta de Contraste, pero para esta imagen no es lo suficientemente sutil: la chica queda muy oscura y su entorno demasiado claro. Así que pruebo con la herramienta Curva de tonalidades para tomar el control total sobre los parámetros. Igual que hubiese hecho con la herramienta Contraste, aumento la luminosidad de las Luces altas (+20) y de los Tonos claros (+10), pero a diferencia, no bajo los Tonos oscuros (que corresponderían a la chica) y sólo un poco los Oscuros (-20). Ya casi estoy satisfecho. La imagen ya me agrada pero quiero darle un cuidado especial, dado que me gusta mucho. Así que me pongo a hacer otra cosa y vuelvo a la imagen más tarde (eso es muy útil para tomar un poco de distancia en el momento de hacer el tratamiento digital). Al volver a mirarla, me doy cuenta de que mis ojos tienden a desviarse hacia la parte superior de la imagen. Es normal, hay zonas luminosas y contrastadas. Ya me di cuenta cuando la saqué, pero para eliminarlas de la imagen, me habría hecho falta colocarme más arriba, con un ángulo que no me gustaba tanto: quería que la chica quedase a mi altura. Así que voy a aplicar un Filtro degradado para oscurecer la parte superior de la imagen, con una Exposición de -0,5. Esto hará que se centre menos la atención ahí. Pasa por la cabeza de la estatua, pero no choca. Sin duda podría haber llegado hasta -1 si no estuviese ahí esa cabeza. ¡Luego mejoro la nitidez y reduzco el ruido como siempre, y listo!

“El dibujo es la probidad del arte” – Ingres

¡Espero que esta historia te haya gustado y que te ayude en tu práctica fotográfica! 🙂 No dudes en dejar un comentario para darme tu opinión sobre la imagen o para contarme una historia personal con una foto. Y si la chica de la estatua pasa por aquí, estaré encantado de darle una foto impresa 😉

 


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