Los secretos de la perspectiva

¿Crees que la perspectiva depende únicamente de la distancia focal? Pues bien, yo también pensaba lo mismo hasta hace poco, y me equivocaba. Desmontemos juntos esta idea preconcebida tan extendida.

Ahora es probable que te tires de los pelos. Después de entender la diferencia entre un gran angular y un teleobjetivo, seguramente pienses que el primero acentúa las perspectivas y que el segundo las reduce. Pero te olvidas de otra cuestión: los objetivos gran angular suelen requerir que te acerques al sujeto u objeto, mientras que los teleobjetivos tiende a hacer que te alejes. Por tanto, además de que varía la distancia focal, también lo hace la distancia respecto al sujeto u objeto fotografiado. Descifremos juntos cuáles son los efectos de ambas variables sobre las imágenes.

¿Por qué es importante que leas este artículo?

La perspectiva, es decir, la relación entre el tamaño de los diversos elementos que componen la imagen situados a distancias diferentes, puede modificar de forma considerable una foto. Es realmente importante comprender cómo proceder con este elemento para controlar mejor las imágenes resultantes. ¿Te interesa conseguir que tus amigos se vean muy grandes, o al contrario, muy pequeños al lado de una montaña? Pues bien, si pensabas que se trataba de una cuestión de distancia focal, deberías continuar leyendo este artículo.

Cambiemos la distancia focal

Como es habitual, vamos a hacer un experimento para entenderlo mejor. En las 3 imágenes que se muestran a continuación he colocado a nuestro amigo Jack (por enésima vez 😀 ) a la misma distancia del fondo. No he movido la cámara (estaba trabajando con trípode), y no he modificado ningún parámetro. La primera imagen ha sido sacada con una distancia focal de 170 mm, la segunda con 55 mm, y la tercera con 18 mm.

Pero dado que la distancia focal también hace variar el encuadre (más estrecho con 170 mm que con 18), he reencuadrado (recortado) las imágenes tomadas con 55 m y con 18 mm para que todas tengan el mismo tamaño de cuadro. De esta forma vemos mejor el efecto que tiene la distancia focal sobre la perspectiva.

(El reencuadre deteriora bastante la calidad de la imagen, pero sirve para ver el tamaño de los elementos en relación los unos con los otros.)

Jack a 170 mm

Jack a 55 mm (recortado)

Jack a 18 mm (recortado)

Como puedes ver, la perspectiva no varía: el tamaño del cactus en relación a Jack no ha cambiado.

Esto te deja sin palabras, ¿verdad? Me pasó lo mismo cuando lo descubrí (¡de paso, agradezco que eso me ha dado una idea para escribir un artículo! 😀 )

Cambiemos la distancia en relación al sujeto

Seguimos con 18 mm, pero nos acercamos lo suficiente con la cámara hasta conseguir el mismo encuadre que en la imagen hecha a 170 mm, es decir, Jack ocupa más o menos el mismo espacio en la imagen:

Jack a 18 mm, aunque mucho más de cerca (sin recortar)

¿Ves la enorme diferencia en la perspectiva? (hasta vemos mis cajas de zapatos 😛 ) De esta forma vemos que la distancia focal no influye directamente en la perspectiva, sino más bien en la distancia entre los otros elementos y el sujeto principal.

¿Y la relación entre ambos?

Me dirás:

Sí, pero con una distancia focal más corta, seguramente vamos a tender a acercarnos, y con una más larga a alejarnos, siempre y cuando queramos conseguir el mismo encuadre.

Efectivamente: la distancia focal influye indirectamente en la perspectiva de la imagen, porque te obliga a situarte más o menos cerca del sujeto. La hipótesis habitual de que “distancia focal corta es igual a más perspectiva” es válida, al menos relativamente.

Ahora veamos el problema al revés: si “haces zoom con los pies”, cambiarás la perspectiva de la imagen, así que debes tener cuidado. Especialmente con un objetivo de focal fija, con el que tu única opción es moverte, es necesario visualizar los cambios de perspectiva para asegurarte de que no produzcan un efecto desastroso en la imagen (estoy pensando en fotografía de retrato). A pesar de esto me siguen encantando los objetivos de focal fija, aunque si no quieres tener que acercarte demasiado al sujeto, existen diversas focales que se adaptan a diferentes tipos de imágenes. Por ejemplo, 50 mm (equivalente a 24×36, y por tanto entorno a 35 mm en cámaras APS-C) sin duda se adapta mejor a fotos-retrato con planos generales o americanos (o tres cuartos), que no para retratos de cerca, mientras que con 85 mm (100 mm) podrás alejarte más del sujeto y forzar menos las perspectivas, por tanto, conseguir que la cara se deforme menos (el caso típico es evitar una nariz exageradamente grande 😛 )

 

Hasta aquí este artículo, espero que hayas entendido mejor cómo funciona la perspectiva y que, a partir de ahora, sepas tenerla en cuenta y controlarla en el momento de elegir la composición.

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Secretos de la perpectiva


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