Fotografía instantánea

Cuando viajé a Nueva York el pasado otoño, decidí llevar conmigo no sólo una cámara, sino dos. La segunda era un poco particular: una cámara instantánea. Nueva York me parecía un laboratorio ideal para experimentar con la espontaneidad y la magia de lo instantáneo, y quería animar mi práctica fotográfica con algo nuevo (no hay que dormirse en los laureles nunca). Y lo mínimo que puedo decir es que no me decepcionó.

¿Qué es la fotografía instantánea?

Todo el mundo la llama “Polaroid”. Y eso se debe a que la primera cámara de fotos instantánea que salió en 1948 fue la Polaroid 95. El principio es simple: gracias a un misterioso proceso químico, al menos lo es para la mayoría de nosotros, la película analógica es revelada ante tus propios ojos, justo después de sacar la foto.

Date cuenta: en esa época, cuando se sacaba una foto, no se podía ver cómo quedaba a través de la pantalla. Había que terminar la película y después revelarla para ver el resultado final. Una pequeña revolución, por tanto, y también fascinación. Lo instantáneo tiene sabor a infancia: se fija en el papel y se sacude como si así la foto apareciese más rápido (aunque no sirve de nada), impacientes por ver el resultado, en un mundo en el que todo se ha vuelto inmediato.

En nuestros días todavía hay varias generaciones que rinden culto a la marca, aunque no estoy seguro de que los niños de hoy sean capaces de reconocer una vieja Polaroid de los años 70 😉 (yo pertenezco a una de las últimas generaciones que no nacieron completamente en la era digital 😛 ).

No voy a explicar la historia completa, pero a grandes rasgos este procedimiento es un éxito, Fujifilm comercializa igualmente sus propias cámaras instantáneas y sus películas (algunas eran compatibles con las Polaroid). En 2007, Polaroid abandona la fabricación de cámaras de fotos, y cierra su última fábrica de películas en 2008. Un grupo de apasionados un poco locos deciden fabricar ellos mismos películas para Polaroid, lo cual da a luz al “Impossible Project” (cuyo nombre es muy apropiado 😀 ).

Avance rápido en 2015: la fotografía analógica recobra una cierta popularidad (un poco como el disco de vinilo). Además, el mercado actual de la fotografía instantánea ofrece bastantes posibilidades diferentes para elegir, entre las cuales se encuentran cámaras de las más recientes. Veamos de qué se trata: el objetivo no es hacer una guía de compra de las mejores cámaras instantáneas, sino esclarecer un poco las que existen.

¿Qué material elegir?

Para hacerlo sencillo, hay 3 tipos de películas que se pueden utilizar:

  • La película Fuji Instant (en 2 formatos: Mini o Wide), que se usa con las cámaras Fujifilm Instax, y Lomography Instant. Ventaja: es relativamente asequible (aproximadamente 1€ por foto), fiable, y el revelado lleva sólo unos minutos.
  • Las famosas películas Impossible Project, utilizables en modelos de Polaroid bastante antiguos, especialmente la SX70 y la Polaroid 600. No nos vamos a engañar, más bien son para los auténticos apasionados. 20€ la cámara de 8, una fiabilidad que deja bastante que desear (al menos según se desprende de lo que he podido leer en Internet), y la necesidad de dejar la película en la oscuridad entre 20 y 45 minutos para revelarla…
  • Las FP100, producidas por Fujifilm, y que se pueden utilizar en las Polaroid 250 y compañía. Existen diversos tipos de películas, color o blanco y negro, y algunas ya no se fabrican y, por tanto, quedan fuera de precio (como la FP3000B). Calcula unos 2€ por foto para las películas que se fabrican aún.

Personalmente, dado que viajo con material ligero (ni hablar de pasearme con una réflex pesada y enorme por todas partes), quería algo que fuera ligero, compacto y que no ocupase demasiado espacio en la maleta. Quería sorpresa, espontaneidad y un soplo de aire fresco, pero no quería caer en la frustración y renegar contra una película que haga cualquier cosa. Además de esto, quería tener un poco de control sobre las fotos si es posible, ni que sea los parámetros básicos de exposición.

Con estos criterios en mente, me decidí por la eliminación: fuera las películas Impossible Project por ser demasiado imprevisibles (y demasiado caras), y fuera las Polaroid 250 por razones de volumen (me gustan mucho los objetos viejos y bellos, pero era necesario ser razonable).

Quedaban las películas Fuji Instant (con la ventaja extra de poderlas encontrar fácilmente, lo cual es muy práctico si se está de viaje). El formato Wide implicaba cámaras demasiado voluminosas para mí, así que me decanté por la Mini. La foto resultante es pequeña, en formato de tarjeta de crédito, pero no importa, prefiero eso que un volumen excesivo (pero es una elección evidentemente muy personal 🙂 ).

Mi elección, por tanto, debía dirimirse entre la Lomo Instant y la Fuji Instax Mini. Sinceramente, las dos parecían convincentes. Finalmente decidí descartar la Lomo Instant por una razón: había “demasiadas” opciones. Existen concretamente dos complementos ópticos que permiten cambiar la distancia focal, y me daba miedo que eso me impidiese hacer lo que quería con la fotografía instantánea: relajarme.

Terminé eligiendo la Fuji Instax Mini 90 “Neo Classic”, que me sedujo por lo compacta que es (objetivo retráctil cuando se apaga la cámara), y por su estilo retro. De todas formas, la elección de una instantánea también se hace con el corazón 😉

En resumen, lo que digo en adelante en este artículo puede que no sea aplicable a todas las cámaras instantáneas, pero sí a esta.

Limitaciones de la Fuji Instax Mini 90

He decidido comenzar a hablarte por los límites de esta cámara (probablemente aplicables a otras cámaras instantáneas). Efectivamente, es necesario darse cuenta de que si se prueba la fotografía instantánea, no hay que esperar resultados que se parezcan a los que se suelen conseguir con una cámara digital. Después de esto, no volverás a decir nunca que a tu objetivo del kit le “falta nitidez” 😉

Se trata pues de una cámara que tiene sus defectos, pero que se deja querer. Hay que aprender a controlarla, conocer sus mañas, un poco como si fuera un coche viejo (aquellos que hayan tenido el placer de conducir uno de los años 60 o 70 me comprenderán 🙂 ).

No es mío, eh, lo alquilé durante un día en Irlanda ;) La mejor experiencia de conducción de mi vida :) (velocidad máxima: 90km/h, o 100 si se pisa a fondo).

No es mío, eh, lo alquilé durante un día en Irlanda 😉 La mejor experiencia de conducción de mi vida 🙂 (velocidad máxima: 90km/h, o 100 si se pisa a fondo).

Lo primero es que el visor no representa exactamente lo que capta la película. Es un poco menos estrecho que la realidad. Dicho de otra manera, si algunos elementos no se ven en el visor, puede que el encuadre sí se vea bien. Cuando uno se preocupa mucho por el encuadre y la composición, como yo, eso frustra un poco al principio. Pero uno se acostumbra, y se adquiere el reflejo de hacer un encuadre más cerrado de lo necesario. Es un poco azaroso, pero también lleva un poco al desapego.

El Empire State. Al principio, a través del visor, no vi la esquina del edificio que aparece arriba a la izquierda.

El Empire State. Al principio, a través del visor, no vi la esquina del edificio que aparece arriba a la izquierda.

Lo segundo es que la cámara tiene una tendencia general a sobreexponer las fotos. La mayoría del tiempo utilizaba la función de la cámara que permitía hacer una corrección de exposición negativa (lo que llaman “D”, por “Darken” = oscurecer). También se puede utilizar L o L+ (por “lighten”, clarear), ¡pero hay que decir que esto sobreexpone más, así que no vale la pena! Es el ajuste que realmente utilizo más en la cámara, y estaba bien contento de contar con él.

Ejemplo típico de sobreexposición de la Instax.

Ejemplo típico de sobreexposición de la Instax.

El segundo ajuste indispensable es desactivar el flash. Efectivamente, jamás he logrado un buen resultado con él, por esto: es muy pequeño y emite una luz muy dura, y francamente no me gusta el resultado (pero sin duda es cuestión de gustos, puede que sea parte del encanto de la instantánea, pero no me parecía bonito).

Si de todas formas quieres usarla alguna vez, activa el modo “nocturno” de la cámara: permite disparar el flash, al tiempo que mantener el obturador abierto más tiempo, con el objetivo de capturar la luz del fondo. Esto evita una parte de los inconvenientes.

Ni que decir que he intentado evitar por completo las situaciones con poca luz, tras algunos intentos infructuosos en mi casa: la película tiene una sensibilidad de 800 ASA, y el objetivo abre a f/12.7, por lo que no es una cámara demasiado ideal para estas situaciones. Utilízala a plena luz del día, a menos que la montes en un trípode (aunque se pierde el interés de la espontaneidad).

Reconocerás que se abandona rápidamente la idea de hacer fotografía nocturna con ella ;)

Reconocerás que se abandona rápidamente la idea de hacer fotografía nocturna con ella 😉

Última cosa: también aprenderás la vieja y buena regla de no colocarte frente al sol. Efectivamente, la película gestiona muy mal las escenas con un fuerte dinamismo. ¡Si pensabas que tenías dificultades en digital, prueba con una Instax y verás! Muy rápidamente he aprendido a evitar las situaciones demasiado contrastadas. Por otro lado, en dos o tres ocasiones he comprobado que si la luz del sol se refleja directamente en la cámara, se forma un punto negro en el mismo lugar de ese reflejo. Es bueno saberlo si deseas evitarlo.

Fuerte dinamismo en la puesta de sol: no se ve nada. ¡Fíjate en el punto negro en las otras dos fotos!

Fuerte dinamismo en la puesta de sol: no se ve nada. ¡Fíjate en el punto negro en las otras dos fotos!

¿Entonces por qué hacer fotografía instantánea?

Es cierto que con tantos defectos, con resultados tan malos, podrías preguntarte por qué te hablo de ello: cada una de las minúsculas fotos cuesta 1€, no se puede ajustar nada, y prácticamente sólo se puede fotografiar a plena luz del día. Por tanto, ¿por qué me gusta?

Aparte del hecho que no tuve que recargar la batería durante más de una semana (algo bueno de la tecnología en nuestros días), sobre todo se debe a la relajación que permite la fotografía instantánea. Y el hecho de tomarse el tiempo necesario.

En la medida en la que prácticamente no hay que ajustar ningún parámetro, sólo queda concentrarse en la composición. Habitualmente me tomo el tiempo necesario para componer cada imagen, incluso en digital, pero siento que la instantánea me ha empujado a pensar más aún en las imágenes antes de disparar. Puede que sea porque una vez hecho el disparo es necesario esperar algunos minutos para ver si la foto sale bien, y no dan ganas de mirar la foto y corregirla de inmediato. Lo cual anima a pensar más antes del disparo, y a dejarla tal cual después: lo que está hecho, hecho está.

Y luego también está el tema de que con la Instax se sacan fotos diferentes. Eso hace que uno se acompleje menos a la hora de fotografiar cosas simples. Una esquina interesante de un rascacielos, un parque no demasiado bonito… este aspecto un poco anticuado que otorgan las instantáneas permite hacer cosas que uno se prohíbe hacer normalmente (“¿por qué hacer 15.000 veces la misma foto de un taxi amarillo neoyorquino si no tiene ningún interés en particular?”). Eso sin duda se debe a la colorimetría de la película, que es bien particular debido al fuerte contraste y a los colores saturados, sin llegar a la vulgaridad (sobre todo cuando se utiliza la corrección de exposición para oscurecer la imagen).

Una esquina cualquiera en la calle, hojas con colores otoñales iluminadas por el sol, o el edificio que sirvió para la carátula de Physical Graffiti de Led Zeppelin. Cosas sencillas y sin grandes pretensiones :)

Una esquina cualquiera en la calle, hojas con colores otoñales iluminadas por el sol, o el edificio que sirvió para la carátula de Physical Graffiti de Led Zeppelin. Cosas sencillas y sin grandes pretensiones 🙂

Además, sirve para hacer excelentes postales para enviar a tu gente cercana: mete algunas fotos en un bonito sobre, escribe algunas palabras agradables, y eso seguro que les gustará mucho más que una postal comprada en una tienda. Es personal y único. Sólo te queda rezar para que no se pierda en Correos.

Las fotos anteriores son un bonito ejemplo de una colorimetría particular, que funciona muy bien en ciertos lugares como Coney Island.

Las fotos anteriores son un bonito ejemplo de una colorimetría particular, que funciona muy bien en ciertos lugares como Coney Island.

Efecto secundario bastante imprevisible: la instantánea sirve para crear contactos con la gente. Si eres como yo y te gusta hablar con desconocidos, verás que en el momento en el que la foto sale de la cámara, con ese ruido tan característico, mucha gente levantará la mirada y eso te brindará muchas oportunidades de conocerla. Esto me ocurrió dos veces en Nueva York:

  • Dos alemanas, una de las cuales fotografiaba con una Instax Wide, me pidieron que les sacase una foto. Tuve la oportunidad de discutir sobre una foto, y de tomarme mi tiempo, algo que quizás no hubiese podido hacer con una digital.
  • Caesar, un músico con mucho talento que conocí en una estación de metro, al cual ofrecí una foto sacada con la Instax antes de fotografiarlo con la digital.

Más allá de esto, la fotografía instantánea es algo más irracional. La Instax no se compra para contar con un material mejor, ni para sacar mejores fotos. Una Instax se compra para disfrutar. Y ya sabes hasta qué punto es importante la noción de placer en mi trayectoria fotográfica. Así que, para mí, la Instax es:

  • El placer de tomarse el tiempo necesario.
  • El placer de componer con cuidado, sin obstáculos.
  • El placer de tomarse el tiempo para esperar el buen momento si es necesario.
  • El placer del ruido característico de la película saliendo revelada.
  • El placer de ver aparecer la foto y abrir los ojos de par en par como si de un niño se tratase.
  • El placer de ofrecer fotos absolutamente únicas.
  • El placer de ver a una persona cercana dándose cuenta de que le estás dando una parte de ti mismo cuando le ofreces una foto instantánea.
Es un poco más complicado, pero la fotografía instantánea no impide utilizar cosas que ya se conocen como una profundidad de campo reducida (aquí con las hojas muy cerca de la cámara).

Es un poco más complicado, pero la fotografía instantánea no impide utilizar cosas que ya se conocen como una profundidad de campo reducida (aquí con las hojas muy cerca de la cámara).

Las instantáneas ponen la emoción en el centro de la foto, y si tus imágenes necesitan algo más, no es un objetivo nuevo, sino más emoción. Así que relájate, reencuéntrate con tu espíritu infantil (releer El Principito ayuda mucho), maravíllate con las pequeñas cosas, y déjate guiar por tus emociones.

 

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