Dale a tus fotos un aire misterioso con las técnicas de los grandes pintores

17 diciembre 2015

¿Qué puede aprender la fotografía de la pintura? Sin duda, a crear imágenes misteriosas que inviten al espectador a hacerse preguntas.

(Nota: este artículo está escrito por nuestro invitado y amigo Roy Pallas de blog-le-dessin).

En mi segunda colaboración en el blog de Laurent voy a centrarme en la pintura. Tuve la suerte de asistir a algunos cursos de análisis de obras de arte más que interesantes y creo que la fotografía y las artes pictóricas pueden influenciarse mutuamente de forma muy positiva. Mi intención no es que comiences a pensar tus fotografías como si fueran los cuadros de los grandes maestros de la pintura, sino que quiero ayudarte a descubrir algunos secretos que, en el mejor de los casos, serán una fuente de inspiración para tus composiciones y que, como mínimo, te motivarán a observar las pinturas de los artistas.

Para ello, voy a señalar en cada uno de los ejemplos un elemento que abre la puerta a la ambigüedad, que atrae la mirada y que invita a la duda. ¡Empecemos!

 

Espacios que no se pueden medir

Si leíste mi primer artículo, sabrás que siento un cariño especial por Vermeer. Su vida es tan misteriosa como sus pinturas, no en vano fue apodado como “la esfinge de Delft”. Ahora entiendes por qué elegí este artista para comenzar el artículo 🙂

Una característica recurrente en las pinturas de Vermeer es que suele situar uno o varios objetos en primer plano, entre los personajes que retrata y el espectador (en este caso, nosotros). Objetos tales como alfombras, muebles, cortinas… Este conjunto de elementos marcan una distancia al tiempo que esconden buena parte de la composición. Una parte importante queda fuera del campo visual y, a veces, uno tiene la impresión de que Vermeer crea un cuadro con estos elementos, de forma que parezca un cuadro dentro del cuadro.

“Muchacha leyendo una carta”, Vermeer (1657)

El primer recurso para generar una sensación de misterio (y el más evidente, por cierto) es crear zonas fuera del campo visual, como esta lectora frente a una ventana abierta por la cual no podemos ver qué hay del otro lado. Lo mismo ocurre con el reflejo del vidrio. Uno espera descubrir en él lo que se esconde detrás de la pesada cortina, pero el cristal tan solo refleja el rostro de la muchacha.

Podrás apreciar que el punto de fuga se encuentra en la zona de la cortina situada a la izquierda. Por tanto, nuestra mirada se dirige a una zona oculta.

La parte que queda fuera del campo visual resulta tan intrigante que sugiere un espacio invisible en donde se ve un fragmento. Dicho de forma más clara, las aberturas que comunican con otros espacios generan mucha intriga. Uno se pregunta qué hay ahí. En el cuadro “Muchacha dormida”, por ejemplo, el espectador se queda con la duda de si alguien entrará en la habitación y descubrirá a la sirvienta dormida luego de beber una copa de vino, cuando debería estar trabajando.

“Muchacha dormida”, Vermeer (1657)

También hay aberturas que llevan a lugares… extraños

Si nos remontamos en el tiempo y pasamos de Holanda a Italia, nos encontramos ante un tema que es una gran fuente de misterio entre las bellas artes. Voy a hablar de las “anunciaciones”. No me meteré en el fango teológico pero sólo quiero remarcar que las pinturas renacentistas se cuestionaron la forma en cómo había que representar un acto “milagroso” (en este caso el de la Inmaculada Concepción) en un cuadro. Como no estaba permitido representar a Dios, los artistas imaginaron formas de sugerir su presencia en sus obras y esas sugerencias se basan en jugar con la perspectiva y con el tamaño de los elementos.

Se parte del principio de que Dios es un ente que escapa a toda posibilidad de ser medido o acotado. Y dado que la perspectiva es una forma de medir, no parece ir acorde con la representación de una manifestación divina.

En el retablo de Piero della Francesca, se puede ver al arcángel Gabriel y a María bajo un pórtico, junto a un pasillo de columnas que conducen a una pared en el fondo. Se nota que la pared es de mármol y que los motivos que la decoran son desproporcionados respecto al resto de la imagen. Es como si hubiese hecho zoom sólo en esa parte, parece que la piedra esté cerca a pesar de ser el fondo… Esta incoherencia en la escala es la famosa manifestación divina.

“Anunciación”, Piero della Francesca (1426). Detalle a la derecha.

Otro ejemplo de una anunciación lo encontramos en un cuadro de Fra Angelico en el que juega con la perspectiva. Los dos personajes aparecen bajo un pórtico, frente a una puerta que da a la habitación de María. Si se observa bien la habitación, podemos ver que es muy profunda y que nos conduce a su interior.

“Anunciación”, Fra Angelico (1426)

El secreto de los objetos misteriosos

Volvamos a Vermeer, quien a menudo decora las paredes con cuadros. Me dirás que qué tiene eso “de misterioso”. Pues bien, precisamente porque las obras de arte están ahí para ilustrar la escena que se pinta (en general, escenas cotidianas), suelen dar un sentido más profundo a algo que parece anodino.

Es nuestra intuición la que acerca las dos imágenes (la escena y la imagen del fondo). Imagina a una persona con la espalda en la pared perdida en sus ensoñaciones. Imagina que en este muro no hay nada excepto una foto de un bonito paisaje. ¿Qué podemos deducir? No es posible saberlo a ciencia cierta pero podríamos imaginar que está soñando con viajar y evadirse (es el mismo principio de asociación de imágenes con las que funcionan los cómics). Por tanto, se puede decir que es misterioso aquello que da un indicio para la interpretación de una imagen “banal”, así como la presencia de una llave podría sugerir una cerradura.

 

Tomemos este ejemplo de la “Dama tocando la espineta”. A priori es un personaje que parece concentrado en tocar música pero que mira de cara al espectador. A parte del cuadro de un paisaje con un marco de oro, hay un cuadro de Cupido colocado justo encima de ella… Por asociación, podríamos deducir que esta mujer:
A – busca su amor
B – ha encontrado a su amor
C – la respuesta C

En definitiva, comenzamos a hacernos preguntas más precisas sobre esta mujer sin que eso le haga perder su aire misterioso. Otro indicio es que este instrumento, la espineta, también se conoce como “virginal”…

 

Un ejemplo más muestra una faceta más moralista, “La tasadora de perlas”, que cuenta su riqueza con esta pequeña balanza sostenida entre sus dedos. Se puede ver un cuadro detrás que ilustra el Día del Juicio Final, el momento en el que las almas de los vivos son pesadas para determinar su destino tras dejar su cuerpo físico.

“La tasadora de perlas”, Vermeer (hacia 1662)

Los objetos cotidianos también pueden encerrar un gran misterio…

…¿pero en qué condiciones? Se me ocurren dos. Generalmente aquellos objetos que han sido utilizados o que están listos para ser usados poseen un aura de misterio. Por el hecho de estar desordenados, sugiere que por ahí ha pasado un humano.

Fíjate en el “El cerrojo” de Fragonard y observa cómo la composición se articula entre los dos personajes de la derecha y el mobiliario de la izquierda. La iluminación está centrada en los dos personajes de la derecha y en la sombra se ve una cama revuelta, desordenada. Sin duda la cama es un indicio de lo que ha pasado o va a pasar en esta habitación. Gracias a ella podemos suponer que ha habido acción. ¡Igual que en el resto de puntos que abordo, el desorden nos conduce a una hipótesis, este es el primer punto!

“El cerrojo”, Fragonard (1774-78)

El segundo es que esta cama desordenada evoca una silueta humana. El pintor ha trazado las líneas de las almohadas, las cortinas y las sábanas de forma que parezca que ha estado acostado un cuerpo humano. Da la impresión de que hay una rodilla tapada con la tela roja y que las almohadas son los senos de una mujer. Sugerir una silueta humana (o ciertas partes) con objetos es una buena forma de atraer la mirada. Lo que un espectador va a buscar en una imagen es a sí mismo.

Detalle de la cama

Qué se esconde tras la Gioconda…

No podía terminar este artículo sobre el misterio en una pintura sin hablar de “La Gioconda” de Da Vinci. Te voy a presentar un apunte hecho por Daniel Arasse, historiador del arte, sobre el paisaje del fondo del cuadro (de la sonrisa ya habla todo el mundo 😉 ).

“La Gioconda”, Leonardo da Vinci (1503-06)

El plano aparece ciertamente desenfocado, es cierto, pero ofrece una hermosa perspectiva atmosférica. Otra cosa interesante es que en la parte derecha de la imagen se representa un paisaje elevado (una meseta) mientras que la parte izquierda es más baja.

“La Gioconda”, Leonardo da Vinci (1503-06). Detalle.

Da la impresión de que son dos entornos distintos. Hay una transición brutal entre ambos paisajes, por lo que en realidad se trata de un lugar partido en dos a un lado y al otro del retrato. La pregunta es cómo se transforma el paisaje y se pasa de una parte a la otra. En realidad uno de los misterios de este cuadro es la transición entre la meseta y el valle oculto por la Mona Lisa.

Por tanto, vemos que otro método para darle misterio a tus composiciones consiste en marcar las zonas de transición, los cambios bruscos entre dos paisajes y en disimular ese desliz. En pocas palabras, sirve para crear un “enigma visual” y ocultar la respuesta.

 

Estos son, resumidos, los ingredientes necesarios para cocinar una imagen misteriosa:

  • modificar las escalas de forma voluntaria
  • disimular las transiciones entre dos espacios
  • mostrar las aberturas hacia espacios que solo se perciben de forma parcial
  • crear relaciones entre los personajes y las imágenes en una composición
  • utilizar objetos que tengan un aspecto humano(o reorganizarlos para que evoquen la presencia de un cuerpo humano)
  • emplear el factor desorden con los objetos.

Para terminar me gustaría hacerte una recomendación que un día me hizo uno de mis profesores (cuando digo “recomendación” en realidad es un eufemismo. Recuerdo que insistía mucho, sobre todo cuando se dirigía a mí…).

Al igual que los cócteles de gambas se sirven sobre una hoja de lechuga, el misterio y la ambigüedad saben mejor si se sirven envueltos de sutileza.

Supongo que te habrás dado cuenta de que en los ejemplos de objetos y espacios que he presentado, éstos se encuentran en segundo plano en relación a la escena, o bien en un espacio poco iluminado. Si te apasiona esta búsqueda de la ambigüedad, debes tener presente que puedes generar más interrogantes a quien observe la imagen si esa ambigüedad no se centra en el sujeto principal de la composición.

¿Crees que el aura de misterio de la Gioconda hubiese tenido el mismo éxito si se hubiese titulado “hombre/mujer con una sonrisa enigmática y un paisaje en el fondo”?

Un poco de “no visto” y otro poco de “no dicho” para que el espectador haga una parte del trabajo, ¿no te parece? 😉

Roy Pallas
www.blog-le-dessin.com

 

¡Y no olvides compartir el artículo! 🙂

 

Recherches utilisées :

como sacarse fotos misterioso, como tener un aire misterioso


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